Juan Pablo Soler Fuster
Director del Área de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Murcia
La cultura en la Región de Murcia vive un momento que requiere reflexión y acción. Como director del Área de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Murcia, he sido testigo de los retos y las oportunidades que enfrenta un sector que, a pesar de sus dificultades, sigue siendo motor de identidad, desarrollo y cohesión social.
La pandemia dejó heridas profundas en el tejido cultural de nuestra región, afectando no solo a los espacios escénicos, sino también a los artistas, técnicos y gestores. Sin embargo, a pesar de la adversidad resistimos. Desde entonces, la programación cultural ha recuperado su vigor y las salas se han llenado de nuevo con números difíciles de mejorar, pero no podemos permitirnos caer en el error de pensar que todo está solucionado.
A menudo se olvida que la cultura no es solo ocio, sino un derecho fundamental y una herramienta de transformación. En una sociedad como la nuestra, vivimos siempre en proceso de cambio y el teatro, la música, la danza y las artes visuales no solo entretienen, sino que educan, provocan pensamiento crítico y construyen comunidad. Es importante que los gestores culturales y las instituciones defiendan este valor intrínseco, por encima de los fríos números o del interés económico inmediato.
En la Región de Murcia, contamos con un extraordinario talento cultural. Desde dramaturgos hasta músicos, pasando por actores, bailarines y artistas plásticos, podemos presumir de una cantera creativa inagotable. Pero para que ese talento florezca, es imprescindible dotarlo de oportunidades reales. La financiación pública y privada debe ser ambiciosa y estable. No podemos permitir que las ayudas lleguen tarde o que proyectos, con gran potencial, queden en el cajón por falta de recursos.
Uno de los grandes desafíos es la descentralización de la cultura. Si bien Murcia ciudad cuenta con una oferta cultural sólida, en muchas localidades más pequeñas el acceso a espectáculos, talleres y actividades sigue siendo limitado. La cultura debe ser accesible para todos, independientemente de dónde vivan. Y otro desafío queda en la parte más burocrática que gestiona la cultura. Los trámites y el papeleo, sumado a los equipos cada vez más limitados, está hiriendo gravemente un sector que, a pesar de la adaptación, tiene ciertos elementos sensibles siempre presentes que requieren de un tratamiento especial.
También es fundamental trabajar en la fidelización del público joven. En un mundo dominado por lo digital, los espacios culturales tienen la responsabilidad de conectar con las nuevas generaciones, adaptándose a sus inquietudes y formas de comunicación.
El futuro de la cultura en Murcia depende de un esfuerzo conjunto. Las instituciones, los gestores culturales, los artistas y, sobre todo, el público, debemos asumir nuestra parte de responsabilidad. La cultura es mucho más que acciones puntuales o espacios emblemáticos: es un proceso vivo, un reflejo de nuestra identidad como pueblo. Debe ser una lluvia constante que cale en el terreno que se está sembrando.
Creo firmemente que invertir en cultura no es un gasto, sino una inversión en una sociedad más justa, creativa y cohesionada. Si cuidamos nuestro patrimonio cultural y apostamos por la creación contemporánea, la Región de Murcia no solo será un referente cultural, sino también un ejemplo de cómo el arte transforma vidas.